La Real Academia Española de la Lengua siempre ha sido una institución conservadora, muy reacia a los cambios abruptos. Esta forma de ver y de controlar la lengua ha conseguido que, desde su fundación en 1714, la lexicografía académica se encontrase con un retraso con respecto a la lexicografía extra-académica. Solo es necesario ver someramente la lexicografía de la RAE, es decir, el Diccionario de la Academia para llegar a la conclusión de que se encuentra en desfase con respecto al resto de diccionarios e, incluso, con respecto a los propios hablantes.

De nuevo, esto ha acurrido con el llamado «matrimonio homosexual». Gracias a la Ley 13/2005 se modificó el Código Civil para que dos personas del mismo sexo pudiesen casarse, en igualdad de condiciones con respecto a dos personas de sexo contrario. Comenzó así una lucha que ya no trataba de cambiar una discriminación legal, ya solventada, sino una discriminación lingüística: la RAE se negaba a modificar la definición de ‘matrimonio’ hasta la 23ª edición de su Diccionario (proyectado en aquel momento para 2013 y que ya ha sido retrasado para 2014).

Tras una ardua lucha, la RAE ayer se rindió, ganando el sentido común, y modificó la definición de la palabra ‘matrimonio’ dentro de los avances que en el diccionario virtual se muestran de la próxima edición. Esta modificación ha consistido en la adición de una nueva segunda acepción que dice lo siguiente:

2. m. En determinadas legislaciones, unión de dos personas del mismo sexo, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses.

Darío Villanueva, Secretario de la RAE, en entrevista a la Agencia Efe, justificaba el retraso de esta enmienda en que la RAE se da a sí misma un periodo de unos cinco años para rastrear el uso (o falta de él) de la palabra a modificar. A pesar de ello, lo cierto es que esta acepción comenzó a usarse desde el primer momento en el que, gracias a la modificación del Código Civil, era un hecho la posibilidad de contraer matrimonio para dos personas del mismo sexo.

Seguramente, la RAE esperaba que el Tribunal Constitucional se pronunciase con respecto al recurso de inconstitucionalidad que el Partido Popular tiene interpuesto contra la ley, lo cual demuestra una vez más que por culpa de la mayoría de miembros de la RAE (iletrados de la lengua española) las decisiones de la Academia se toman por motivos políticos y no por motivos lingüísticos porque si un vocablo extiende su significado (como ocurrió desde 2005 con la palabra ‘matrimonio’) esa extensión es palpable y no puede ser alterada por motivos políticos. Dicho de otro modo: un fallo del Tribunal Constitucional declarando inconstitucional este cambio en el Código Civil no eliminaría, lingüísticamente, esta ampliación semántica de la palabra ‘matrimonio’, que se continuaría usando a pesar de la hipotética decisión del Constitucional.

Una vez más, la RAE llega a buen puerto, pero llega, como ya nos tiene acostumbrados, tarde y mal.